Libertadores: Boca con facilidad ante Barcelona de Ecuador con la Bombonera a pura fiesta.
Tras la victoria en Chile, el equipo de Úbeda se impuso 3-0 en la Bombonera. La mala fue la dura lesión del arquero Agustín Marchesín.

Volvieron las noches de copa a la Bombonera. Y fue con una fiesta del público en las tribunas y del equipo sobre el campo de juego. Hay otra energía por La Boca. Atrás quedaron dos años de frustraciones y de mirar la Copa Libertadores por la televisión. El equipo que Claudio Úbeda conduce desde el banco de suplentes, puesto que heredó tras la partida de Miguel Ángel Russo, y que tiene como líder sobre el césped a Leandro Paredes tiene aura. O eso que antes le decían “mística copera”. Ahora, Boca “farmea aura”.

Por la segunda fecha del Grupo D, Boca se impuso con holgura por 3-0 sobre Barcelona de Guayaquil y le sumó tres puntos al triunfo en Chile para estar en lo más alto de la zona. Después de un primer tiempo que inició con algunas dudas y con la dura noticia de la lesión de Agustín Marchesín (“Me rompí”, llegó a decirle al oído a Paredes), el local edificó un triunfo sin fisuras y consolidó una idea que permite encender la ilusión en todos los frentes. Porque no hay respiro y el domingo deberá pisar el Monumental con la misma convicción para acomodarse en el Apertura y dar un firma paso rumbo a playoffs.

En la Bombonera, Ubeda repitió a los 10 jugadores de campo que habían ganado en Chile. Y la maquinaria ya luce confiable y eficiente. Al remate del Pipa Benedetto cruzado que Marchesín tapó sin problemas, después se sumó una corrida por la derecha de Cano que derivó en la lesión del arquero. Pero después fue todo de Boca. Sobre todo porque Milton Delgado es el complemento perfecto para Paredes y cuando el capitán necesita un auxilio lo tiene al pibe al lado, un todoterreno recuperador serial y un excelente pasador. Sin embargo, cuando la defensa visitante más se cerraba, Boca apeló a la buena pegada de Lautaro Blanco desde la izquierda para abrirla. Y el local fue dando golpe tras golpe para hacer caer a un rival que se había presentado duro y firme en la Bombonera y que al final cayó por nocaut.

Blanco primero encontró a Santiago Ascacíbar, que entró solo al área y definió de cabeza a las manos del arquero Contreras. Pero un rato después, cuando Boca ya tenía controlado a su rival y el primer tiempo se extinguía, Blanco volvió a poner la pelota en el área después de un córner pasado que había llegado desde la derecha. En el área permanecieron los centrales y Lautaro Di Lollo puso la cabeza para el 1-0 y para confirmar que es un central goleador.
El segundo tiempo fue un monólogo de Boca. El que se activó fue el pibe Tomás Aranda, sobre la izquierda. Paredes lo encontraba seguido y el juvenil enganche empezó a bailar sobre la pelota. Con la cintura va para un lado, pero con las piernas para el otro y deja en el camino a cuando rival se le cruza. Además, ya empezó a consolidar una sociedad con Blanco sobre la izquierda (taco, centro y gol de Bareiro en Chile) que le dará a Boca alternativas para llegar al arco rival.
Faltó algo más de picante en los delanteros. Adam Bareiro cumplió con un buen partido como 9, para pegarse con los centrales rivales, aguantar la pelota y jugar de pivote. Pero solo tuvo un cabezazo que el arquero le sacó del ángulo tras un buen tiro libre de Paredes. Y Miguel Merentiel -que llegó tocado con un dolor en el pubis- tiró las diagonales de siempre, pero cuando quedó en posición de gol estuvo errático y fue el primer cambio de Ubeda a los 29, cuando el Changuito Zeballos entró para revitalizar el ataque.

Después de la pausa de rehidratación y de otra llegada franca y limpia de Ascacíbar que Contreras neutralizó (después el Ruso lo empujó con pelota y todo, pero Wilmar Roldán anuló el gol con razón), el equipo se tomó un respiro. Pero en esos 5 u 8 minutos que permitió que el rival coqueteara con el empate (no estuvo ni cerca), se reacomodó en el campo. Había que hacer el segundo gol para ahuyentar viejos fantasmas y apagar inseguridades. Y llegó a nueve del final, cuando Blanco guapeó por la izquierda y envió el centro para que Ascacíbar pusiera la cabeza y el 2-0. Ahora sí, no cabía dudas: Boca sellaba la victoria, se probaba el traje de candidato en la Copa y ponía la cabeza en River. Para el final quedó el tercer gol, el de Ander Herrera, el primero del vasco vestido de azul y oro. Para que la fiesta fuera completa.
Redacción: Soy de Boca / www.soydeboca.com.ar
